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  • Mónica Chavarría Bianchini

Mas que compañeros de trabajo, como “hermanos”


“Hay que sembrar para recoger”, Sergio Fidel Romano Romano



Sergio Romano
Sergio Romano

Treinta años han pasado pero para Yovania Navarro, parece que fue ayer cuando su esposo Sergio Romano Romano, salió de su hogar prometiéndole que llegaría a almorzar.


Así es, tres décadas ya desde que el doble homicidio de Sergio Romano y Alexis Rodríguez Rivera, estremeció a las familias de los agentes judiciales, a sus compañeros y a toda la provincia de Limón.


Los hechos ocurrieron un domingo 10 de noviembre de 1991, cuando varios agentes destacados en la Delegación Regional de Limón, del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), entre ellos Romano y Rodríguez, investigaban un caso de varios homicidios en los sectores de Westfalia y Búfalo, que habían ocurrido ocho días antes.



Alexis Rodríguez
Alexis Rodríguez

Como resultado de las investigaciones, el viernes anterior al día de la tragedia, habían detenido a unos sospechosos, uno de ellos de apellido Monge, quien fue el que posteriormente les quitaría la vida a los agentes.


Tiempo después, la viuda de Romano, Yovania Navarro comenzó a trabajar en el mismo despacho de su difunto esposo como auxiliar de servicios generales, para así seguir adelante con tres hijos y su nieto; ella aún tiene claros los detalles de ese domingo, pues relató cómo murió su esposo, “yo sé toda la historia porque me la contaron sus compañeros…”



Mañana trágica


A las 7:00 a.m. de la mañana los agentes que estaban de guardia, entre ellos Alexis Rodríguez, hicieron los trámites correspondientes para reseñar a los sospechosos, momento que aprovechó Johnny Monge, quien en ese momento se encontraba detenido como sospechoso, para tomar el arma de reglamento de uno de ellos sin que nadie se percatara.


A las 8:00 a.m., momento en el que llegó Romano a la delegación y hora del cambio de guardia, el detenido les dijo que lo llevaran a Westfalia y les indicaría a dónde había dejado la ropa de una de sus víctimas.


Sergio y Alexis fueron los encargados de trasladarlo, sin sospechar que llevaba un arma escondida en sus pantalones; como viajaban en automóvil, Monge iba esposado con las manos hacia adelante, situación que aprovechó para quitarle la vida primero a Alexis de un tiro en la cabeza, Romano quien era el conductor forcejeó para tratar de quitarle el arma, pero tres balas acabaron con su vida.


“Me llamaron a la casa de una vecina como a las 9:15 a. m. para decirme lo que le había ocurrido a mi esposo…Romano era una persona que le gustaba compartir, él siempre me decía…en esta vida hay que sembrar para recoger, si llegaba a la casa con alguien le daba su comida” así lo recordó su esposa.


Un hombre dedicado a su trabajo y a su familia, oriundo de Playas del Coco, Guanacaste, tenía 34 años de edad y 15 años de trabajar en el OIJ. En su tiempo libre le gustaba reunirse con sus amigos y jugar domino; y le encantaba comer “casado bochinche” un platillo muy limonense que lleva macarrones, frijoles molidos, ensalada y bistec. Cuenta su esposa que era un excelente padre, que le gustaba jugar con sus hijas.


Romano y Navarro compartieron 6 años de matrimonio en el cual tuvieron tres hijos: María Victoria, tenía 5 años; Candi Ileana de 4 años y Sergio José quien tenía 9 meses. “Al principio fue muy duro, pero con ayuda de Dios hemos salido a delante”, agregó Yovania.


Recuerdos de dos grandes compañeros


El agente Freddy Quesada, quien fue luego subjefe de la delegación regional de San Carlos, fue compañero de Sergio y Alexis, a quienes describió como dos buenos investigadores, “Aun tengo los recortes de periódicos y fotos de lo que ocurrió, pues nunca voy a olvidar a dos grandes personas y compañeros”.


“…Los dos eran muy alegres, eran como hermanos, les gustaba mucho el fútbol, Romano era entrenador de nuestro equipo, recuerdo que era muy saprisista y Alexis era muy buen jugador; hasta lo escogieron cuando se hacían los campeonatos internos del Poder Judicial para formar parte del equipo que nos representaría en el campeonato de fútbol que organiza la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)” continuó Quesada.

A ambos les gustaba el fútbol y eran dignos representantes de este deporte.
A ambos les gustaba el fútbol y eran dignos representantes de este deporte.


El ex jefe policial dijo que ese 10 de noviembre por la noche se dio cuenta de lo que les había ocurrido a sus compañeros, “…Ese día yo me fui en la mañana a un partido de fútbol en Guápiles y hasta que llegué a las 8:00 p. m. me enteré de lo que había sucedido, no olvidaré esa época pues fue de mucho compañerismo entre los agentes que laboramos en la delegación regional de Limón…”.


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