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  • María José Rodríguez Cruz

Florentino: un homicida serial en el Caribe

Actualizado: 12 abr 2021

Fue un 11 de marzo de 1993. Florentino disparó en la cabeza de su ex patrón, Guido, éste cayó en el bote en el que venía Florentino. El haber tomado sin permiso el bote fue el punto de discordia por el cual Guido le reclamó y así se desencadenó la tragedia. Para terminar de cometer el crimen, Florentino arremetió contra su víctima, causándole una herida en el cuello con un arma blanca. Luego se deshizo de Guido y de las armas…Así empezó la historia de un asesino serial.


Caribe costarricense


Sixaola, Siquirres, Jiménez, Guápiles… Limón… caribe costarricense… bendecido con hermosas playas, cristalinas aguas, montañas con lugares aún vírgenes y de reconocida influencia afroamericana debido a los cientos de migrantes que desde finales del siglo XIX llegaron al país con la construcción del ferrocarril al Atlántico; permeando de tradiciones, costumbres y una identidad particular que permanece en la provincia limonense.

La séptima provincia costarricense ha sido habitada por gente sencilla y amable, dedicada principalmente a las actividades agropecuarias, es frecuente toparse en medio de bananeras o por los caminos rurales a hombres con aspecto campesino que caminan por las calles con sombrero, botas de hule y machetes al cinto, callados y que responden con un gesto o una exclamación ante quienes interrumpen su camino con un saludo.

La jornada agropecuaria inicia antes de que el sol salga; los trabajadores alistan sus viandas y se disponen a emprender su labor en las fincas donde en medio de sudor, cansancio y mosquitos, arremeten contra la tierra para llevar el sustento a sus hogares y antes de que oscurezca, regresan para recuperar fuerzas y emprender en el próximo amanecer su faena.

Todo eso y mucho más es el caribe costarricense, lugar privilegiado por su naturaleza, reconocido como una de las regiones más vírgenes y exuberantes de Costa Rica, sin embargo, este sitio maravilloso también ha sido cuna y testigo de uno de los asesinos seriales más prolíferos de la historia criminal del país. Probablemente no encontraremos su nombre al buscar en internet sobre el caribe costarricense, pero sin duda aparecerán múltiples noticias relacionadas con sus atroces crímenes, los cuales mantuvieron a la policía atenta y a la población aterrorizada por más de 20 años.


Florentino Elizondo Ríos



Julián, Pánfilo, Hugo, Paulino y Bicho, eran algunos de los nombres que utilizó Florentino Elizondo Ríos, un típico campesino de la zona, de contextura delgada, piel curtida por el sol de las intensas jornadas al campo que marcan más el músculo que las intensas rutinas de gimnasio. Pelo oscuro, igual que sus ojos negros penetrantes y un bigote a juego, propio de quien no tiene ninguna preocupación por la moda o el estilo.

Nació en Guápiles, Pococí el 25 de noviembre de 1973, es el hijo menor del matrimonio de Ananías Elizondo y Damina Ríos, tercer hijo varón de un total de cinco (tres varones y dos mujeres), quien al igual que sus hermanos mayores y algunos tíos, tendría un constante paso por los juzgados costarricenses.

Sus primeros tres años de vida los pasó en Guápiles, al cuido de su hermana mayor porque sus padres salían a trabajar al campo. Con el paso del tiempo, toda la familia se trasladó a vivir a una parte montañosa de la Barra del Colorado, donde aprendieron a trabajar en el campo y a cazar. Posteriormente se fueron a un lugar más poblado donde Florentino pudo estudiar su primer grado.

Siempre hubo perros de caza y algunos animales silvestres a su alrededor, con los cuales tuvo un trato adecuado y una relación meramente de cuido, sin manifestar maltrato o crueldad. De niño no era considerado agresivo o malcriado, por el contrario, era tranquilo, vacilón y hablantín. En la adolescencia decidió experimentar con drogas, convirtiéndose en un consumidor activo de marihuana, pero sin episodios violentos que lo metieran en problemas.

Florentino ayudaba en las labores domésticas de su casa y a pesar de que fue el que menos anduvo de cacería con el papá, aprendió a manejar arma de fuego, canalete y bote. Su padre tomaba, fumaba tabaco y era muy estricto, utilizaba castigos físicos extremos y crueles, por lo que la relación no fue estrecha ni cariñosa, sin embargo, Florentino siempre estuvo pendiente de él hasta su trágica muerte por un disparo en la cabeza producto de un asalto en la vivienda.

Toda la familia se dedicaba a labores agrícolas como medio de subsistencia, por lo que, desde los 10 años, Florentino se dedica a trabajar en una finca familiar hasta los 18 años cuando decidió probar en otras actividades. Uno de los trabajos que tuvo en este tiempo fue como guarda de seguridad y encargado de conducir el bote del Hotel Laguna Lodge, lugar donde cometió el primer homicidio del que se tiene registro en instancias judiciales.


Carrera delictiva


No se sabe a ciencia cierta cuando inició su carrera delictiva, sin embargo, empieza su relación con la policía judicial a los 20 años, el 11 de marzo de 1993 cuando comete el primer homicidio del que se tiene cuenta, en el cual utilizó un arma de fuego para dispararle en la cabeza al que en ese entonces era su jefe.

Tras el disparo, su víctima cayó en el bote en el que venía Florentino, quien aprovechó la cercanía para herirlo nuevamente, esta vez con un cuchillo en el cuello y después deshacerse de sus restos y las armas en el mar.

Descontó 13 años de prisión en varios centros penales (desde 1998 hasta el 2011), donde trabajó haciendo manualidades y lavando ropa. En varias ocasiones se le decomisaron armas punzo cortantes, las cuales justificaba como medio para defenderse. Nunca estuvo en programas educativos y en los diferentes informes del Departamento de Trabajo Social se dejó constando que tenía dificultades para analizar su historia, que era hostil y mostraba resentimiento indiscriminado.

A su egreso, estuvo viviendo por dos meses con sus padres en Guápiles y luego se fue para Sixaola, donde trabajó en una finca de plátano y en su tiempo libre se relacionaba con adolescentes a quienes les enseñaba a cazar con el permiso de sus familias pues confiaban en él.

Cuando se quedó sin trabajo no pudo continuar alquilando una vivienda, por lo que se volvió nómada, dormía donde le llegaba la noche, guindaba una hamaca o armaba un techo con palos y un pedazo de plástico. Quienes lo conocieron en ese entonces dicen que podía pasar hasta dos días sin dormir, su personalidad era cambiante, en un momento estaba bien con las personas que lo acompañaban y de pronto sacaba un arma de fuego y les apuntaba en la cabeza, cambiaba de humor por algo que lo alteraba, un comentario, una mirada que consideraba ofensiva o cualquier otra cosa que sintiera inadecuada.

Al internarse en la montaña le gustaba escuchar música ranchera en su teléfono celular y leer la Biblia, el resto del tiempo era muy callado y tranquilo, tomaba pastillas para el dolor de estómago y hacía “chicha” de mora con la que se emborrachaba. Perdió el contacto con su familia, hasta que lo volvieron a ver en el noticiero como responsable del homicidio del chofer de bus ocurrido en Sixaola.

El segundo hecho delictivo confirmado ocurrió en Sixaola de Talamanca, nuevamente en la provincia de Limón, pasadas las 9:00 de la noche, tan solo un par de años después de haber salido de prisión, Florentino y un cómplice que ahora no vale la pena recordar, ingresaron por las puertas traseras del autobús, tapando sus rostros con gorros de tela que simulaban pasamontañas y gritando con fuerza que apagaran las luces del vehículo porque estaban cometiendo un asalto.

Utilizando un cuchillo de unos 30 centímetros el cómplice recogió todas las pertenencias de valor de los únicos seis ocupantes del bus, mientras Florentino amenazaba con arma de fuego al chofer para que le diera el dinero de los viajes del día, cuando acabaron con el atraco se disponían a bajar del autobús, pero Elizondo Ríos se devolvió hasta el chofer, forcejearon porque quería más dinero y se dieron dos detonaciones a quema ropa, acabando con la vida de un hombre de 48 años.

Menos de siete meses después, Florentino vuelve a cometer un homicidio. Esta vez el lugar de los hechos fue un sitio mucho más rural que los anteriores, para personas acostumbradas a caminar. Se requerían invertir al menos dos horas para llegar hasta la finca ubicada en Suerre de Jiménez donde vivía un conocido apodado Misquito. En esos días Florentino había ido de paseo con dos menores de edad, nietos del hombre que había ayudado a pagar la defensa de su primer homicidio y quien por varios meses le hospedó en su casa como un miembro más de la familia.

Sumamente cansados por la extensa caminata, ese lunes 06 de enero del 2014, los adolescentes dormían en una casuchilla cuando de repente, en medio de la noche fueron sorprendidos por Florentino, quien los obligó a levantarse y los llevó hasta la sala donde lograron ver amarrado de pies y manos a Misquito; estaba acostado sobre un colchón y amordazado. Ante esta escena, los jóvenes entraron en pánico y preguntaron que sucedía, pero como respuesta solo obtuvieron una amenaza de muerte en caso de que no hicieran lo que les ordenaba. Sin saber las razones, los adolescentes fueron parte de un ritual poco elaborado con el único propósito de dar muerte a ese nicaragüense de 60 años que vivía solo.

Los hermanos Vindas fueron testigos ese día del más atroz acontecimiento de sus cortas vidas y recibieron ahí mismo una amenaza de muerte de la cual no dudaron ni por un segundo… pasaron contra su voluntad a ser cómplices de un homicidio sin la menor posibilidad de buscar ayuda o denunciar los hechos, pues el despiadado homicida gozaba del cariño y credibilidad de toda la familia desde antes del nacimiento de estos dos traumados personajes víctimas también del comportamiento desviado del monstruo del caribe.

Para el cuarto hecho, combinó un homicidio múltiple con uno simple, dividido en dos escenarios, sin un periodo de enfriamiento claramente establecido. El primero fue en la finca que cuidaba un nicaragüense que vivía solo, la cual se ubicaba en Suerre de Jiménez, nuevamente en el caribe costarricense, en medio de la nada, un terreno que colindaba con otro que Florentino estaba trabajando, razón por la que conoció a sus víctimas.

Días antes del homicidio uno de los hombres había increpado a Florentino por haberle robado un arma de fuego, cosa que no era cierta, pero trajo grandes problemas entre ellos y un par de sujetos más que se enteraron del asunto. El viernes 12 de septiembre del 2014, Florentino iba a trabajar en el lote que tenía a cargo, pero se dirigió primero a la casa de Santiago Campos (víctima 1), quien estaba en compañía de Chalo (víctima 2) y del arma de la discordia; por lo que entra en furia, los increpa y decide dispararles por haber difamado su nombre.

Posteriormente, sin haber calmado su impulso homicida, se dirige a la casa de Pechán (víctima 3 y dueño del arma que supuestamente había robado), donde le recalca que no había sido el responsable del robo de su arma, se la entrega y le dispara en la cabeza por haber dudado de él. A pesar de la gravedad de la herida, Pechán logra caminar 150 metros por su cuenta, siendo alcanzado por Florentino quien decide dispararle nuevamente, pero en esta ocasión por la espalda.

Tras haber matado a tres personas, Florentino recobra su buen ánimo y se va del sitio, para encontrarse más tarde con un amigo al que le cuenta todo lo ocurrido y lo amenaza de muerte si cuenta algo de esta horrible historia a la policía.

El quinto y último evento que se le conoció a Elizondo Ríos fue un homicidio múltiple, en el que acabó con la vida de dos jóvenes costarricenses, nativos de la zona, de 21 y 23 años. Ocurrió también en el caribe costarricense, en medio de vegetación y un sembradío de platanillo que tenía a su cuido el asesino.

Un día del mes de octubre del 2014, los jóvenes caminaban por el lugar y decidieron entrar al sembradío, con tan mala suerte que fueron sorprendidos por Florentino quien sin dudarlo los mató, obligándolo primero a ver cómo se cavaba su propia tumba.

Al primero que mató fue al bombero voluntario al que le amarró un pañuelo en los ojos y luego con su machete le cortó la garganta. Instantes después acabó con la vida de Torres utilizando también un machete curvo. Ambos cuerpos fueron depositados uno al lado del otro y boca arriba en un fosa y después cubiertos con tierra y hojas. El cuerpo de García se encontró desnudo y tras la revisión de los forenses se determinó que tenía una lesión en el ano.

La policía pronto tendría noticias de este macabro hecho, porque la madre de uno de los jóvenes llegó a la Oficina Regional de Bribrí a denunciar que desde el día anterior su hijo y un amigo habían desaparecido. Ante tal situación, la policía judicial asume el caso y comienza las averiguaciones, ubicando los cuerpos enterrados un par de días posterior a la denuncia con múltiples lesiones y sin la menor idea del móvil de los asesinatos, sin embargo, poco después se lograron ubicar unos cuantos testigos de los hechos, quienes narraron en detalle lo que había ocurrido ese día.

Posterior al hallazgo de los cuerpos y en un retén vehicular, la policía logró detener a dos cómplices de Florentino en estos macabros hechos, pero éste hábil asesino logró darse a la fuga. Su huida provocó en la población un profundo temor, pues ya era de conocimiento popular que lo buscaban por homicidio, temían que en cualquier momento apareciera en sus casas y los obligara a esconderlo, o peor aún, que acabara con sus vidas, porque ya sabían de lo que era capaz.

En estos días de fugitivo, Florentino se escondía en la montaña de día y cuando oscurecía, merodeaba en las casas acercándose a los corredores sigilosamente y haciendo un particular silbido que escalofriaba hasta al más valiente.


El arresto


Tras esta serie de homicidios y particularmente después del último incidente, la policía tenía plenamente identificado al sospechoso como Florentino Elizondo Ríos, sin embargo, en toda la zona era conocido por diferentes nombres como Pánfilo, Julián y Hugo, lo cual dificultaba mucho más su captura.

El 16 de octubre del 2014, los cuerpos policiales de la zona realizaron varios operativos por aire y tierra para tratar de ubicarlo, logrando dar con él en un retén, cuando viajaba en compañía de dos sujetos que, según testigos, habían participado del doble homicidio. Sin embargo, para mala fortuna de la policía judicial, Florentino logró escapar y se internó en la montaña, lugar ampliamente conocido por él y en el cual lograba escabullirse y camuflarse sin dificultad.

Tras su huida, continuaron los operativos por un par de días más y el 18 de octubre en la noche, se logró ubicar un rastro del sospechoso en Paraíso de Talamanca, conocido popularmente como El Infiernillo, nombre muy acorde para la calidad de demonio que se escondía y camuflaba.

Según los registros policiales, de ese sitio se habían recibido una gran cantidad de llamadas telefónicas, mediante las cuales los vecinos alertaban sobre la presencia de Florentino, quien se dejaba ver con más frecuencia en las noches, cuando salía de su escondite para buscar comida.

El 19 de octubre, los investigadores Gabriel Céspedes Chavarría y Juan José Ramírez Vázquez ambos del OIJ de Bribri, en compañía de personal de la Unidad Canina de Fuerza Pública, de la Unidad Especial de Apoyo (UEA) y la Unidad Especial de Intervención (UEI) de Fuerza Pública, realizaron el ingreso al punto donde fue visto el sospechoso por última vez y guiados por el agudo olfato del can Bratt, se logró dar con el rastro de unas huellas que siguieron por aproximadamente trescientos metros hasta toparse de frente con Elizondo Ríos, quien no opuso resistencia y al verse acorralado gritó “aquí estoy oficial, no disparen”… fue detenido dentro de una finca platanera, al ser las 07:30 horas del 19 de octubre del 2014, vistiendo una camisa verde que utilizaba para camuflarse entre la maleza, un foco y un machete.


Para el OIJ


La historia del OIJ con este sujeto no fue corta, varios investigadores de todo el Caribe estaban expectantes, pues no era común en esa época ni aún ahora, tener en una provincia tan tranquila, una serie de homicidios tan violentos y atroces.

Florentino atacó en diferentes lugares, a pesar de ser considerado geográficamente estable, no se restringió a un pueblo y sus lugares de actuación comprendían grandes extensiones de territorio, esto por la naturaleza agropecuaria de la zona y por el conocimiento que tenía de su entorno desde su nacimiento, el cual fue perfeccionando hasta el día de su detención.

Rasgos característicos como el sonido que hacía cuando silbaba, son detalles escalofriantes al recordar que venía acompañado de una mirada penetrante de unos ojos profundamente negros que se asomaban en la oscuridad, apareciendo de repente en el patio de alguna casa, donde consideraba que con su sola presencia intimidaría y obtendría alimento para permanecer por un tiempo más internado en la montaña sin ser atrapado por la policía.

Otras características que fueron impresionantes de su actuar delictivo y que fueron considerados particularmente importantes para conocer su modo de operar son los actos de sodomización que cometía con los cuerpos, utilizando implementos que conseguía en la montaña, realizaba conductas sexuales con los cuerpos, insertándoles objetos en el ano y lastimando de diferentes maneras sus genitales mientras los mantenía maniatados, amordazados y en algunas ocasiones con los pies atados para garantizarse la inmovilización absoluta y su completo dominio sobre las víctimas.

La escalada criminal que muestra la historia de este sujeto no solo da cuenta de la evolución violenta que tuvo posterior al tiempo que descontó en prisión, sino también de la adquisición de conciencia forense, pues fue agregando elementos que mejoraban las posibilidades de no ser descubierto por la policía, no solo se cambió varias veces el nombre para evitar ser relacionado con el primer homicidio, sino que en algunos casos limpió la escena, enterró los cuerpos y amenazaba de muerte a testigos que pudieran incriminarlo, lo cual le dio la posibilidad de continuar delinquiendo por más de tres años.

Las motivaciones de un delincuente en ocasiones son difíciles de identificar, son mucho más transparentes los casos donde ocurre una muerte por celos o por obtener algún beneficio económico, sin embargo, en todos los hechos que cometió Florentino se podrían considerar diferentes motivaciones en cada uno de los casos.


Participación de la UNACC: perfil del sospechoso


Tras un análisis detallado de su historia de vida y de los delitos que se tenían por confirmados, la Unidad de Análisis del Comportamiento Criminal (UNACC) del Organismo de Investigación Judicial, realizó un perfil del sujeto, lo cual permitió identificar algunas particularidades desde el punto de vista social, psicológico y criminológico, las cuales sirvieron de sustento a las demás diligencias policiales de investigación realizadas por las sedes regionales del OIJ involucradas en su detención.

Haber incumplido las normas sociales reiterativamente, evolucionando hasta el homicidio en más de una ocasión; la deshonestidad, la manipulación y engaño que refleja en diferentes momentos con los testigos de sus hechos; así como la imprudencia, irresponsabilidad, impulsividad, irritabilidad y agresividad de sus hechos y sobre todo la ausencia de remordimiento e indiferencia al maltratar a otra persona, son rasgos característicos del Trastorno de Personalidad Antisocial.

Además, se identifican algunos rasgos del Trastorno de la Personalidad Narcisista, como la tendencia a ser duro, poco sincero, explotador, superficial. También es posible detectar algunos rasgos propios del Trastorno de la Personalidad Paranoide, por características como la desconfianza en los demás (ermitaño, solitario), la presencia de ira al sentirse ofendido o amenazado y la intolerancia a que lo menosprecien, por lo que en caso de sentirse así reaccionaría violentamente.

Su baja capacidad de controlar las emociones, la incapacidad para mantener relaciones estables y de confianza (inestabilidad afectiva), la ira inapropiada e intensa manifiesta en los episodios explosivos violentos, asociados a la intoxicación por sustancias o abstinencia de estas, son rasgos asociables al Trastorno de la Personalidad Limítrofe.

Son visibles también algunos rasgos sádicos en su personalidad, ya que el sadismo implica la obtención de placer al ver a otras personas experimentar dolor o malestar, por lo que humillar a sus víctimas, le hace pensar de una manera distorsionada que tiene poder.

Realiza los homicidios en zonas rurales, mismas que son de su conocimiento porque se encuentran relativamente cerca del lugar donde vive o trabaja. Incluso en el caso del homicidio del bus, fue en una ruta que conocía y donde sabía que podía escapar por fincas plataneras.

Todos los homicidios cometidos por Florentino, tienen como víctimas a hombres adultos y en colaboración de varones que logra manipular, ya sea por amenaza verbal o mediante el uso de armas de fuego.

No cuenta con las habilidades necesarias para tolerar el rechazo, siendo además un sujeto con problemas de autoestima, manipulador, frío, egoísta y carente de empatía, cuya inestabilidad emocional lo ha llevado a actuar de manera impulsiva y brutal, lo cual podrían tener explicación en que éste sujeto experimenta emociones que comprometen sus inhibitorios de la conducta, siendo más propenso a cometer actos violentos, como estrategias para obtener poder y superar sus traumas o frustraciones con la dominación de su víctima.

Siendo en apariencia que en todos los casos este sujeto actuó de manera fría e insensible, impresiona que sus motivaciones en general puedan ser por poder, placer o venganza. No impresiona que pierda el sueño con sus crímenes, ya que ha cometido por lo menos 8 asesinatos a sangre fría, en tiempos muy cortos, sin mostrar (en apariencia) algún grado de remordimiento.


La condena


A partir de las diligencias policiales realizadas por el OIJ, se realizó un informe lo suficientemente contundente para que el 03 de setiembre del 2015, Florentino fuera condenado a 25 años de cárcel por el robo y asesinato contra el chofer de bus.

Meses después, en febrero del 2016 se le impusieron 133 años de prisión por los delitos de homicidio calificado y privación de libertad a los jóvenes de 21 años y 23 años.

Actualmente se encuentra recluido en la cárcel La Reforma, en el ámbito de mediana cerrada, donde no recibe visitas; pero si ha sido entrevistado por diferentes medios de comunicación, quienes al tenerlo en frente concuerdan en que mantiene una actitud tranquila, sin ningún signo de arrepentimiento por los hechos cometidos e incluso afirma que probablemente volvería a matar y que no ha tenido problemas en ningún momento para conciliar el sueño.

En su última entrevista en el 2017 afirmó que no era violento, que cree en Dios y que le gustaría estar libre, a pesar de que no tiene claridad en lo que haría si tuviera la oportunidad de obtener su libertad… “una sentencia pesa ya sea de un día o por siempre… normalmente le pido a Dios en mi celda que me perdone”, expresó antes de marcharse esposado, con una cadena rodeando su cintura y custodiado hasta su celda.



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