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  • Juan Pablo Alvarado García

Con su olfato ayudan a resolver crímenes

Actualizado: 12 ene


Un ejemplo claro es el macabro hallazgo de tres cuerpos cerca del Tunel Zurquí, en la ruta 32.


“Rápido, amigo, huele este trapo y encuentra al culpable”. Esta frase es bastante común en series y películas policiales, donde le dan a oler a un perro una prenda de ropa para perseguir al sospechoso. Pero la realidad es distinta a la ficción.



La idea de usar perros para rastrear un olor es algo inteligente, ya que los perros tienen mejor olfato que los humanos. El epitelio olfativo es el tejido interno de la nariz donde residen los receptores para el olor. Los humanos tenemos esta zona del tamaño de medio billete, pero los perros tienen un tamaño similar a una cartulina grande, doblado muchas veces sobre sí mismo para caber en la nariz. Esa diferencia de tamaño es clave, ya que los perros pueden tener más receptores olfativos, lo que les permite reconocer olores con diferencias más sutiles y en una concentración muy baja.


Son capaces de detectar cualquier resto de saliva, hueso, sangre y otros materiales orgánicos en cualquier superficie. Por ejemplo, han llegado a detectar restos de sangre en una prenda de ropa lavada cinco veces a altas temperaturas, cuando ya no era detectable por el ojo humano.


Los perros huelen, detectan y luego “marcan” dónde ha caído alguno de estos restos por mucho tiempo que haya pasado o por fuerte que se haya limpiado. Pocas cosas escapan a su olfato.


"Cuando se indica que un perro "marca" un sitio, se refiere a cuando el can se sienta como señal de que en dicho lugar hay rastros del elemento para el cual fue adiestrado."

Perros adiestrados para hallar lo que los asesinos ocultan



El 21 de marzo del 2017 el OIJ recibió una llamada confidencial indicando que, en un guindo cerca del túnel Zurquí estaban los cuerpos de tres hombres que habían sido asesinados.

Las diligencias para ubicar los restos humanos fueron dirigidas por la sección de Homicidios de San José, en compañía de agentes de Inspecciones Oculares y la Unidad Canina.


Aquiles y Dodge rastreaban con aplomo y con total exactitud cada centímetro; ágiles, inteligentes, perfectamente entrenados y con un olfato poderoso, fueron referentes caninos en la búsqueda de restos biológicos y su presencia en esta misión fue sumamente importante, resultando claves en la investigación.


Estos canes fueron llevados hasta la escena del crimen por sus adiestradores, Esteba Rodríguez y Juan José Carvajal, agentes de la Unidad Canina para cooperar con la búsqueda de los cuerpos, y a pesar de la complejidad del terreno ambos perros lograron marcar desde arriba la ubicación exacta donde se encontraban los restos.



En el lugar reportado, una ruta totalmente escondida, ubicada cerca del túnel Zurquí, propiamente por el antiguo helipuerto Clinton en la ruta 32, los agentes encontraron cuatro bolsas plásticas negras y con varias partes de cuerpos humanos revueltas, es decir, dentro de una bolsa había dos cabezas y en otras tres piernas, lo que complicó la identificación de las víctimas.


Los judiciales no aflojaron el paso y tres días después del macabro hallazgo lograron determinar que los cuerpos eran los de José Julián Ferreto Tencio, Joseph Montero Solórzano y un menor de edad, conocido como “Taquerito”, quienes fueron asesinados y descuartizados.


Hasta una casa de terror


La investigación llevó, el 22 de marzo del 2017, a los agentes hasta una casa en barrio La Flor, en el Alto de Guadalupe. Después de recibir información confidencial se ubicó la vivienda en donde aparentemente vivían las tres víctimas.



En este lugar la labor del can Aquiles fue determinante en las labores policiales, así lo recuerda el guía canino Juan José Carvajal, quien fue el asignado para acompañar al perro para realizar una minuciosa inspección con el objetivo de ubicar rastros de sangre.


En el inmueble los agentes de homicidios encontraron pedazos de segueta quebrada, un casquillo de bala y la cédula de uno de los fallecidos, aumentando las sospechas que en ese lugar habían sido asesinados y descuartizados.


Carvajal recuerda que cuando ingresó con Aquiles a la casa, esta se encontraba completamente limpia y a simple vista no se observaba ningún rastro de fluidos biológicos; pero el can tenía un objetivo: oler, detectar y marcar, ese era su ritual establecido.



No había resto que se le escapara, seguía cualquier rastro y estaba perfectamente adiestrado, tenía un centro de recepción de olores tres veces mayor que cualquier humano y fue en la parte trasera de la vivienda, en un espacio que era ambientado como un gimnasio, donde el perro marcó que había restos de sangre.


Una escena iluminada


El inteligente perro había marcado el suelo sobre el pasillo que comunica la entrada principal de los cuartos y por donde se pensaba que los asesinos habían arrastrado los cuerpos.


Al ver los resultados del can, el equipo multidisciplinario del Complejo de Ciencias Forenses aplicó la técnica de Luminol y Kastle Meyer (químicos que detectan presencia de sangre) en las áreas que indicó el animal. Las imágenes terminaron de confirmar que sí había rastros positivos del líquido vital en los sitios.



Los peritos de la Unidad Centralizada de Inspección de Indicios UCII de Biología Forense rociaron los químicos en losl sitios señalados por Aquiles como las paredes, el piso y las mesas. En el lugar la escena se iluminó; no había dudas: se ubicó la escena de un crimen.


El 6 de diciembre del 2017, luego de varios meses de pesquisas, tres hombres de apellidos Valerio, de 24 años; Hernández de 25 años y Arias de 28 años, fueron detenidos como sospechosos del violento asesinato, aparentemente por una deuda relacionada con drogas.

Una mujer de 20 años había sido detenida el 16 de noviembre de ese año por este mismo caso. En ese momento, las investigaciones apuntaban a que la joven, identificada con el apellido Gutiérrez, tuvo participación activa en el crimen.


Luego de la captura de la muchacha, las autoridades dijeron que en el asesinato participaron al menos cuatro personas más, una de ellas fue Yeltsin Joel Chacón Sánchez, de 26 años, quien era el compañero sentimental de Gutiérrez.


Este hombre murió el 31 de agosto de 2022, luego de recibir al menos ocho disparos cuando se encontraba dentro de su vehículo en Vista de Mar de Rancho Redondo, Goicoechea.


El adiós de Aquiles y Dogde


Aquiles y Dogde fueron de la raza bloodhound y demostraron desde sus inicios que su capacidad era mucho más avanzada que la ciencia, lo cual impactó a la Policía Judicial, convirtiéndolos en un hito para resolver crímenes.



Aquiles nació en enero de 2009 y trabajó nueve años en la Unidad Canina del OIJ, iba a ser pensionado en el 2018, pero el miércoles 4 de abril de 2018 falleció producto de un mal gástrico; mientras que Dodge nació en el 2012 y se jubiló en el 2019.


Aquiles y Dodge buscaban restos humanos y sangre, se les consideraba perros duales, no obstante, ahora la Unidad Canina solo especializa perros para el rastreo de un solo fluido, ya sea solo sangre, semen, drogas o hidrocarburos, por ejemplo.



Los perros de la Unidad Canina son certificados como parte de la garantía de que fueron entrenados y de sus capacidades en los rastreos.


Alejandro Castillo, jefe de la Unidad Canina, afirma que la inteligencia de los perros no es que sea mayor que los resultados científicos, sino más bien son un complemento.


El perro solo nos va a indicar donde no vemos sangre, pero los demás reactivos nos pueden decir cuál fue el movimiento de la sangre que hubo en una escena (es decir si a la persona la arrastraron) o cómo fue la dinámica de escena”, manifestó Castillo.


El cuidado de estos perros es muy especial y se le proporciona todo lo mejor para que nada afecte a su estafo físico, anímico y que nada les provoque estrés para que puedan hacer correctamente su trabajo.

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